Sueño y productividad: claves para mejorar tu rendimiento en el #trabajo

Desde que somos pequeños, no hemos dejado de escucharlo: debemos dormir, al menos, ocho horas al día para rendir mejor, tanto en el colegio (los niños), como en nuestro trabajo (cuando vamos creciendo).

En una época de crisis como la que atravesamos, en las que mil y un quebraderos de cabeza nos quitan el sueño, debemos, sin embargo, aumentar nuestro rendimiento. Te contamos cómo un descanso saludable puede ayudarte a conseguir multiplicar tu productividad.

Existen más de 80 tipos diferentes de alteraciones del sueño, siendo la apnea y el insomnio las más frecuentes. Sin embargo, un descanso saludable es fundamental para el buen desarrollo de funciones habituales como el grado de atención y concentración, la precisión motora, los procesos de toma de decisiones, la retentiva y memoria a medio y largo plazo, las tareas de razonamiento lógico, la motivación y las relaciones humanas, tanto en el ámbito privado como laboral.

La falta de sueño, por el contrario, hará que nos sintamos cansados en nuestro puesto de trabajo, disminuyendo nuestra productividad y consumiendo la energía necesaria para una jornada completa en unas pocas horas, siendo el final del día un terreno baldío en el que no obtendremos los resultados requeridos.

Creatividad, agilidad, lucidez y capacidad de resolución de problemas se verán afectados pues, como asegura el experto en productividad Berto Pena "cuando no duermes bien y estás cansado, no es soluciones menos problemas, es que no tienes ganas de resolverlos". 

Y es que el sueño, sobretodo en la fase REM, es el momento en el que nuestro cerebro recupera su mejor estado, relajando los procesos mentales, adaptándolos a otras funciones e incorporando y procesando nuevas nociones aprendidas durante la última jornada.

La 'explicación científica' asegura que esto se produce porque, durante este tiempo, se reponen sustancias químicas necesarias que dotan de un correcto funcionamiento a nuestro sistema nervioso. Además, durante ese periodo, nuestros músculos se destensan, la circulación se estabiliza, y la respiración se regula. Al despertar, nuestra mente está más despejada, y nuestro cuerpo, renovado y reenergizado para asumir los esfuerzos intelectuales y físicos de una nueva jornada laboral.

 


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