Lo que la mayoría de los líderes que fracasaron no hicieron

Muchos líderes que fracasaron no tuvieron en cuenta la falta de retroalimentación por parte del resto del equipo y del mercado en general. La principal premisa es escuchar la opinión de aquellos que nos rodean.

Parece que hay una ciertas cualidades que unen a los dirigentes que fracasan en sus iniciativas, o así lo asegura Eric V. Holtzclaw, colaborador del portal Inc. Para evitarlo, propone cuatro cosas que hay que afianzar para triunfar en el mundo empresarial.

Mantener un ‘top five’ de consejeros.

Es importante rodearse de personas que consideramos sabias para que nos ofrezcan una perspectiva distinta a la nuestra de las ideas de negocio o propuestas que estamos considerando, y si coinciden en que alguna no funcionará, debemos replanteárnoslo. Cuanto más diferentes sean entre sí estos consejeros, mejor, porque más diversidad de opiniones aportaran.

Contratar a un coach.

Aunque el asesoramiento de las personas más admiradas es muy útil, es importante también contar con la ayuda profesional de un experto que nos ayude en el desarrollo de la vida profesional y en modelar su efecto en nuestra vida personal. Además, pone a nuestra disposición distintos modelos para medir de manera eficaz si la evolución de nuestro desempeño es positiva.

Unirse a un grupo.

De cualquier cosa que nos interese mejorar, por ejemplo, un club de oratoria para perfeccionar la habilidad para hablar en público mientras se hace networking. Esto además nos mantendrá en contacto con otros profesionales que pueden aportarnos diversidad y riqueza a nuestras ideas.

Preguntar a los miembros del equipo.

Las personas que trabajan diariamente en un proyecto en el que colaboramos son las que tienen una mejor base para opinar sobre ese producto o servicio. Por eso es fundamental recoger sus comentarios, desde una encuesta anónima hasta una entrevista personal, aclarando que se trata de una manera de recoger su opinión, no de investigarles.

Así pues, los cuatro consejos van claramente encaminados a recoger la retroalimentación que nuestra actividad genera en los distintos entornos que nos movemos. Aunque sigamos nuestra intuición, suele ser positivo hacerles el mayor caso posible y además, facilita la sinceridad en una próxima encuesta. En cambio, si no se tienen en cuenta las opiniones recopiladas, además de ser perjudicial para el liderazgo personal, hará que la próxima vez la gente probablemente ni se moleste en contestar.

 


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