¿Por qué no trabajamos desde casa?

Trabajar desde casa conlleva unos beneficios 'emocionales' para el trabajador y económicos para el empresario.

Existe la falsa percepción de que el último que se va de la oficina es el que más trabaja.

Hablemos de la relación entre productividad laboral y trabajo desde casa.

David Blay es periodista, de los que aún trabajan. Periodista multiusos. Colaborador en Radio Marca, director de estrategias en una agencia de comunicación y director de un programa en una radio de emprendedores. Autor de la biografía del atleta paralímpico David Casinos y firma ahora del manual '¿Por qué no nos dejan trabajar desde casa?'. Porque sí, Blay trabaja en muchas cosas y lo hace, sobre todo, desde casa.

"El 75% de las profesiones serán nuevas en los próximos 10 años y el 60% de la gente ya trabaja con un ordenador y un teléfono. Igual que trabaja en una oficina lo puede hacer en casa perfectamente". Dos excusas matemáticas para justificar la publicación de un libro que pretende ser una guía que recoja una necesidad cada vez más patente en estos tiempos: "poder realizar nuestra labor fuera de la oficina, algo que ya hacemos cuando viajamos y que podría potenciarse todavía mucho más".

Volvamos al título. ¿Por qué no nos dejan trabajar desde casa?

"Yo creo, y puede tener algo de razón, que el empresariado no se fía de sus empleados. Hemos vivido una cultura del escaqueo y no se ha conseguido transmitir que la gente esté contenta en sus empresas. De hecho, hasta la gente que está trabajando en algo que le gusta acaba quemada. Ya que no nos van a dar un salario físico mejor, por lo menos que se dé a los trabajadores un salario emocional y el único que veo es poder trabajar desde casa", explica el autor.

El problema de los esquemas laborales en España, apunta Blay, es que nadie ha enseñado a los trabajadores a trabajar desde casa y nadie le ha contado a los empresarios los beneficios que puede tener para su negocio tener a empleados a domicilio. "El trabajador puede tener una conciliación importante de su vida familiar (hay un capítulo dedicado sólo a cómo trabajar si tenemos niños) y un importante ahorro económico. Y el empresario, si es capaz de hacer trabajar por objetivos y no por horas va a poder optimizar su resultado y también va a tener un ahorro económico. Si uno o dos días a la semana, por ejemplo, la gente trabaja fuera, no vas a tener que pagar kilometraje, ni vales de comida, ni siquiera vas a gastar luz en la oficina. Además, estás reteniendo el talento porque esa gente está a gusto con lo que les estás dando y no se quiere ir o trabaja con más entusiasmo".

El libro, publicado en ebook y en impresión sólo bajo demanda, ayuda a organizar la jornada laboral en casa. "Hay que tener claro cada día que se tiene que hacer", avisa Blay. Cuándo hay que poner la lavadora y cuándo hay que trabajar. ¿Adelantar trabajo? Jamás. "Si tuviéramos que adelantar trabajo todos los días nunca podríamos parar. Y tenemos que saber parar", asegura.

El periodista valenciano anima a "deslocalizar" el trabajo, a hacer llamadas desde un parque o aprovechar un paseo o para repasar unas notas y destierra el sentido de culpabilidad en el trabajo. "Nuestros abuelos nos han transmitido lo de que te ganarás el pan con el sudor de tu frente. Existe la percepción de que el último que se va de la oficina es el que más trabaja y seguramente el último que se va es que el más horas lleva en Facebook. Ocurre mucho que el que primero se marcha porque ha conseguido terminar su trabajo es muy criticado por sus propios compañeros".

Epílogo. "Una vez oí una frase que no sé de quién es", cita Blay. "En su lecho de muerte nadie pensó por qué no pasó más tiempo en la oficina". Pues eso.

 

elmundo.es


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